12.8.17

3 motivos por los que no me gustan las salas de lactancia



Hola amigas, son las dos de la mañana y puedo escribir ahora que mi bebé duerme

En este tiempo debo decir que no puedo publicar entradas complejas ya que estoy usando el móvil. Mi bebé casi siempre está en mis brazos.

Es incómodo para buscar y enlazar bibliografía o estudios, así que hoy os hablo de mí y por qué no me gustan las salas de lactancia.

Hace unas semanas salía de la sesión teta del cine que tenemos cerca y me dispuse a dar el pecho a mi bebé. Vi unos asientos en el pasillo del centro comercial y allí nos sentamos.

Pasó una pareja de agentes de seguridad y ella muy amablemente me informó de la existencia de la sala de lactancia, por si me quería ir allí y estar más cómoda.

Yo le dije que prefería estar allí. Me quedé reflexionando sobre qué me hacía no elegir la sala de lactancia.

Para quien no lo sepa, las salas de lactancia son lugares habilitados para dar el pecho. Suelen tener sillones, cambiadores incluso microondas para calentar la comida de los bebés. Suelen estar junto a los aseos.

EL LUGAR


Suelen estar descuidados y son pequeños. Con luz artificial y mobiliario con desperfectos.

Parece algo deprimente.

Suelen estar junto a los baños y huele mal. En el último que estuve además hacía mucho frío, al ser salas pequeñas los climatizadores no funcionan de forma óptima.

NO QUIERO ESTAR SOLA


Aunque puede entrar cualquiera, suelen ser pequeños y no puede entrar el resto de la familia.

A mi me gusta dar el pecho mientras converso con mi marido o canto a mi hija mayor.

Además si necesito algún tipo de ayuda, estar sola no resuelve nada.

NO ME GUSTA ESCONDERME


La sala de lactancia en principio es para tener intimidad. Imagino que para madres pudorosas es una opción aceptable.

Sin embargo una cosa que ha cambiado mi lactancia es mi relación con mi cuerpo y vencer la vergüenza.

La vergüenza es un emoción negativa que resulta de querer evitar mostrar algo por miedo a unas evaluación negativa.

Ya no me importa que juzguen mis pechos, son míos y alimento a mi hijo con ellos.

La intimidad surge de la conexión que tengo con mi bebé, y puede surgir en cualquier lugar y momento que él necesite.

Afortunadamente hasta hoy nadie ha roto esa intimidad y me han respetado. Pero si alguien la invadiera dejaría muy claro que estoy en mi derecho.

Las ONU ha incluido la lactancia como derecho humano y la OMS declara que se puede amamantar en cualquier lugar.

La lactancia materna en público puede perturbar a muchas personas que tienen unos principios rígidos, sobre todo con los derechos de las mujeres.

Amamantar es quitarle al pecho un contexto sexual al servicio de los hombres.

Amamantar es mostrar el placer maternal en público, un placer femenino no ligado al consumo, pero que forma parte de la sexualidad femenina.

Yo por esto no quiero esconderme. La lactancia es ternura. Es una cualidad de la mujer que debe valorarse y respetarse.

Amamantar no nos hace vulnerables, sino fuente de vida.

Estos son mis motivos por los que no doy el pecho en las salas de lactancia. ¿Y tú qué opinas? ¿Te gustan?

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