19.11.16

Embarazo después de una pérdida gestacional



Amigas que me leéis. Hoy quiero compartir mi experiencia una vez más de un proceso importante para mi vida.

Quizá le pueda ayudar a alguna que esté en una situación parecida, o solamente alivie a quien se vea reflejada en estas líneas.

No voy a contar lo que ya hay en los libros y artículos sobre esto, sino mi vivencia.

¿Cómo está siendo mi embarazo después de una pérdida gestacional y un duelo por la pérdida de salud de mi hija en el primer parto?


El año pasado a finales de septiembre sufrió una pérdida en la semana 12 de gestación. Fue muy doloroso y todavía da pena recordarlo. Este bebé tiene un nombre y un sitio en mi corazón.

El deseo.


Es muy poderoso, pero debí permitirme dejarlo entrar para poder afrontar de nuevo otra maternidad. No hablo del deseo sexual, que también, sino de las ganas de volver a apostar por la vida y enfrentar la situación temida.

Este deseo puede nacer porque no es todo miedo lo que hay en mí, sino que hay un sitio para la vida. Yo creo que no sería posible si no hubiera elaborado el duelo por esta pérdida, si no hubiera tenido los espacios terapéuticos necesarios para autorizar un duelo que habitualmente no se permite. Muchas parejas no lo vuelven a intentar, y es normal si se queda una en el miedo.

Primer trimestre.


Cuando ves las dos rayitas es un cúmulo de emociones. La alegría y el miedo van de la mano.

Yo soy de naturaleza catastrofista, mis pensamientos negativos interrumpen mi tranquilidad, alimentados además por estas dos experiencas con la maternidad, es difícil no darles credibilidad. Racionalmente sé que estoy cayendo en la superstición, pero la mente es así.

El primer trimestre es un momento de síntomas. Sentirlos alivió mi mente. Cuando no los sentía acrecentaba mi miedo.

Contención. Esa es la palabra de este primer trimestre. Con todo, a veces incluso con la respiración, me pillaba respirando superficialmente, conteniendo el aliento.

Tenía la sensación de que cualquier cosa podía romper esa burbuja de jabón hermosa y deseada.

La primera eco.


Una situación temida, pues fue en esta primera eco cuando nos dijeron que no había latido en el segundo embarazo.

Al ser verano, afortunadamente la primera eco la tuve en un lugar distinto al anterior, pero iba muerta de miedo. La boca seca y el corazón galopando. Cuando entré en la sala me eché a llorar.

El médico se quedó atónito y me pidió la cartilla de embarazo, que leyó en silencio. Ese silencio aséptico de los médicos de la seguridad social...

Me tumbé en la camilla y marido me dio la mano. Él no estaba menos asustado que yo.

El médico finalmente dijo "está bien y está ahí". Nos dio la imagen y en el pasillo pude llorar mi miedo abrazada a mi pareja.

Días más tarde fui a mi ginecóloga, con algo de miedo pero más tranquila. Estuvo conmigo una hora entre una cosa y otra y en la eco pudo recrearse viendo cada una de las partes del cuerpo de mi bebé.

A esto se le llama "ecoterapia", cuando las madres nos sentimos aliviadas viendo a nuestro bebé.

Esta tranquilidad me duró algunas semanas. A veces es mejor hacer una eco que estar con miedo, con el cerebro inundado de cortisol, la hormona del estrés.

Segundo trimestre.


Y se fueron los síntomas. Me sentí perdida. No parecía que estuviera embarazada y de vez en cuando tenía que mirar las imágenes de las ecos.

Ahora toca cuidarse y describen este trimestre como dulce y tranquilo.

Desde la semana 12 hasta la 18 fueron algo angustiosos porque no notaba al bebé, y si lo notaba, dudaba.

La doppler.


Ya para la semana 20 podía notar esas caricias internas de mi bebé.

Los miedos ahora son otros. Recordad que mi mente es catastrofista. Estoy en un entorno donde la enfermedad de los niños es lo más habitual: terapias, aula específica, CAIT... es como si ver a un niño sano fuera lo raro.

Me pregunto ¿vendrá bien? Tengo miedo a otro hijo con discapacidad. La lucha con mi hija ya es suficiente.

Y este pensamiento me machaca, es un grito de ¡no, por favor!.

Pero yo no mando, los factores que construyen la vida son innumerables. Yo tengo un control limitado sobre mi vida y la de mi bebé.

Me rindo. Me rindo a lo que venga. No sé si esta vida que está en mi es corta o larga, con salud o enfermedad... sólo sé que ahora estamos bien.

En este momento. Mi trabajo es confiar, rendirme, porque yo no controlo nada. NADA.

Mi bebé ahora tiene 24 semanas de gestación y es un niño.

Me doy cuenta bastante pronto de cómo mi mente catastrofista interrumpe mi conexión con mi bebé. Esto tiene que ver con la construcción de mi psique por experiencias vividas. Soy así, parte del trabajo es reconocerme así.

El disfrute.


Esta situación de miedo me impide disfrutar del embarazo. Lo sé. También hay una parte de mí que todavía está en el duelo por la pérdida de salud de mi hija mayor y me dice "¿cómo vas a disfrutar si tu hija está así?".

Y sí, sí que puedo. Atravesando una emoción compleja y profunda que no mata. No traiciono a mi hija por disfrutar de mi embarazo. Ni por disfrutar de mi bebé cuando nazca, de una lactancia que no tuve con Ali. Ni del momento de ofrecerle su primer alimento...

Si ahora no disfruto de los pequeños detalles, me los perderé. Es una profecía autocumplida; es como si ya diera por hecha la catástrofe antes de que pase.

La neurosis.

Esta neurosis no se elimina ni se cambia. Se aprende a vivir con ella cuando se le conoce.

Es una alimaña que cuando no sabes lo que es da mucho miedo. Cuando la descubres puedes mirarla a los ojos y decirle ¡basta!.

Lo que pasa es que es esquiva, y a veces cambia de apariencia, aunque el modus operandi es el mismo.

Mi trabajo en terapia es darme cuenta de esto, no dejarme engañar por sus apariencias y convertirme en detective de mi propia psique.

Alumbrar los rincones más oscuros y transitar por ellos. Al fin y al cabo, eso que me da tanto miedo también soy yo.

Quedan por delante 14 semanas y sé que pase lo que pase, será una experiencia inolvidable...

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4 comentarios:

  1. Carol, cariño. Como me ha gustado tu entrada.
    Nosotros también perdimos un bebé con nombre y sexo, que cumple años en nuestro corazón. Luego vino el embarazo de Inés,lleno de temores y de miedos. La experiencia me demostró que la vida avanza y podemos crecer, o permanecer en un temor constante. Sus primeros años también fueron complicados, médicos, fisioterapia...pero fuimos avanzando y fuimos creciendo con todo esto. Me ha enseñado que somos más fuertes y capaces de lo que nos creemos!

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    1. Somos muy fuertes Estrella. Las madres tenemos una fuerza que nace de la tierra, lo sé. Es espiritual más que física. Un abrazo!

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  2. ¡Qué valor! Espero que te salga todo bien, hasta me he angustiado leyéndo tu anterior experiencia... ¡uf! Ya verás como sí, ya verás como esta vez va a ser todo perfecto. ¡Ánimo!

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    1. Pasará lo que tenta que pasar, aunque deseo que venga un niño sano que me ayude a sanar mi maternidad. Besos!

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