20.6.16

¿Para qué castigas a tus hijos?



Me gusta cuestionarme las cosas, es algo natural en mí. Nuestro sistema educativo ha cambiado muy poco desde hace 30 años. A los niños y niñas se les anima incansablemente a "portarse bien" y se les humilla con una cruz roja en el cuaderno cuando se equivocan.

Se les castiga cuando cometen errores y hacen daño a los demás. ¿Creeís que hay otra alternativa? Yo sí.

"Mi hijo se ha portado mal"


¿Qué es "mal"?¿Te lo has preguntado alguna vez? A veces comportarse mal es levantarse de la silla, o reirse a carcajadas... no son malos comportamientos, sino inadecuados para ese momento. Nuestros niños nacen libres, y nosotros poco a poco los amoldamos a lo que la sociedad espera de ellos. Leído así suena bastante triste, ¿no es cierto?.

Quizá lo primero que debemos plantearnos es el modelo de escuela que queremos. No seré la primera que reflexiona sobre esto y piensa que quizá mantener pegados a la silla a los niños durante horas sea contraproducente... pero si no queremos enfrentarnos al sistema... ¿qué hacemos?

¿Castigar o educar?


Imagina que estás en clase y antes de finalizar, un alumno tira una bola de papel al otro. El maestro castiga al primero sin recreo. Esto es bastante común. ¿Creéis que ese alumno que ha tirado la bola de papel aprenderá algo? No. Su mecanismo será echar la culpa al otro, al maestro... pero no aprenderá nada.

La intervención educativa. 


Identificar el daño o aquello en lo que vamos a intervenir. 


Muchas veces ni los profesores son conscientes de esto en las aulas; no saben que ellos están siendo agredidos o el grupo está siendo agredido. Las mofas, interrupciones, lo que llamamos "faltas de respeto" son agresiones al grupo que tienen como fin perturbar la paz del grupo.

En el ejemplo que he puesto, quizá en unos minutos se podría identificar esta agresión. Quizá preguntarle al que ha recibido la agresión cómo se ha sentido, preguntar al que ha agredido qué pretendía... preguntar cómo se podría reparar el daño y dar la posibilidad para que se vuelva a restablecer la tranquilidad en el grupo.

Pedir disculpas, aceptarlas o no...


Dar la oportunidad de pedir disculpas y el espaci para que se acepten o no. Para esto, el profesor tiene que saber cuándo se está recibiendo una agresión, y creedme, muchas personas no saben que están siendo agredidas. Van con una sonrisa por la vida, con un pellizco en la boca del estómago que no entienden.

Castigar es fácil. Educar conlleva un acto de consciencia para el que hay que explorar un poquito en nuestro interior.

Identificar aquello en lo que queremos hacer una intervención educativa es un paso previo. Después invitar a los alumnos y alumnas que puedan pedir disculpas, y que el otro pueda pedir cómo reparar el daño de una forma justa. También facilitar la experiencia del enfado, quizá no se acepten inmediatamente las disculpas del otro...

Castigar aleja de la experiencia natural de error-responsabilidad-reparación. Al fin y al cabo, todos podemos hacer daño. 


¡Feliz día!

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4 comentarios:

  1. Una entrada muy interesante. En mi opinión educar a un hijo requiere de un nivel de autoexigencia y conocimiento de uno mismo profundo, para poder transmitir los valores adecuados de la mejor manera a esa personita. Quizás uno de los problemas es que los padres de nuestra sociedad tienen poco tiempo para poder llevar a cabo esto y que los otros adultos encargados de la educación de los niños no están suficientemente preparados. Para mi un profesor debería tener unos conocimientos de aprendizaje y psicología avanzados para poder llevar a cabo su función de la mejor manera. Ayudar a desarrollarse a los nuevos miembros de la sociedad.

    ¡Un saludo!

    Sandra
    http://dudasdemama.com/

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  2. Hola Sandra, muchas gracias por tu comentario. Estoy de acuerdo, es necesario que la gente profundice más en su autoconocimiento para poder acompañar a los peques. Un saludo!

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  3. Educar a una hijo es una experiencia llena de altibajos emocionales. Nada pasa según lo esperado, toda expectativa queda relegada por la realidad. Observar y acompañar la experiencia de aprendizaje de nuestros hijos sin poner muletas para todo me parece la opción más adecuada. Dejar espacio para el ensayo y error. Vivir y dejar vivir.

    Un abrazo.
    David

    seitaiblog.wordpress.com

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    1. Hola David, grandes verdades. Muchas gracias por tu comentario.

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