6.2.16

Recorre conmigo el Caminito del Rey

El caminito del Rey

 

Las experiencias son aprendizaje y nos llenan el alma.


Una de las cosas que he descubierto en mi proceso de duelo y de resiliencia es darme cuenta de lo valioso que es hacer cosas que nos gusten. Las experiencias son aprendizaje y es lo que nos llenan el alma.

Hoy os escribo desde un enclave maravilloso, la Sierra de las Nieves en Málaga.

Excursión al Caminito del Rey. Málaga.


Esta mañana hemos salido de Sevilla bien temprano, teníamos entradas para hacer el Caminito del Rey, antes El Balconcillo de los Gaitanes. Hemos llegado desde Ardales, por la entrada Norte. A la altura de un restaurante que se llama el Kiosko hay dos senderos que te llevan a la puerta del Caminito del Rey, nosotros hemos hecho el largo, casi tres kilómetros de sendero muy fácil de hacer. Sólo un par de ocasiones he tenido que mirar el suelo para ver dónde pisaba.

Sí tengo que decir que no contaba con este tramo y me he agobiado bastante porque creí que no llegaríamos a las diez a la entrada. En el documento ponía que teníamos que estar media hora antes y no llegábamos. Así que me he tirado medio camino reprochando al nene -como llamo cariñosamente a mi pareja- y él se ha armado de paciencia y me decía "tranquiiiiila". Santo varon.

Lo que no me estaba contando es que al parecer las 10 era la hora aproximada para entrar, que cada 15 minutos se formaba un grupo... y ya dentro entre risas he visto cómo la venganza contra mí se servía en frío... por reprochar. Jajaja. 

Al llegar a la puerta del Caminito del Rey, a las diez en punto, nos dan dado uno casco. El recorrido son unos tres kilómetros, dos tramos con balconcillos, espectaculares. Hay que llevar botines aunque el firme es seguro, pero nada de zapatos de salir. 


Notar el viento fresco en la cara, apreciar los cortes y formas de la piedra que nos da una pista de su historia milenaria, descansar la vista en el verde del agua del embalse o perderse en el silencio del bosque son bienes de incalculable valor que se nos queda en el ADN de nuestra psique.

El recorrido del Caminito del Rey nos ofrece para mí, dos momentos únicos. Al final del trayecto, la roca que emerge en el camino por la que podemos ver que incluso pasa el tren. Las láminas de esa roca caliza nos hacen ver la fuerza de la naturaleza.

Un poco más adelante, tenemos el puente colgante, muy divertido, aunque una placa de mármol nos indica que allí murieron tres chicos en el año 2000 al romperse un cable que usaban como tirolina. Y el lugar se llena de serenidad mezclada con tristeza, porque allí dejaron la vida tres chicos haciendo lo que les gustaba. Así reza la dedicatoria.

El puente colgante es muy seguro, pero su estructura te deja casi en el vacío, la reja que hay bajo tus pies permiten ver el abismo y la sensación es de vértigo y emoción. Acero puro te sujetan en el aire en una gartanta de piedra majestuosa. 


El recorrido sigue un poco más adelante con un sendero construido en una pared totalmente en vertical. Una maravilla, para mi, arquitectónica.

Al final del recorrido, puedes coger un autobús que por 1,55 euros te deja otra vez en la zona del Restaurante el Kiosko. Nosotros fuimos desde allí al pueblo de El Burgo, donde teníamos la estancia. Un regalo que hemos recibido de mis suegros, (¡hola suegros!) y que hemos disfrutado muchísimo.

Cuando hemos llegado al inicio, hemos visto un cartel indicando que el Caminito se había cerrado por cuestiones climatológicas, las rachas del viento han obligado a cerrar las visitas. Menos mal que fuimos puntuales y pudimos terminar el recorrido. 

Este año nos habíamos decidido a pedir regalos de reyes de experiencias, y ha sido todo un acierto.

La estancia en El Burgo. 




El hotel en donde estoy ahora mismo se llama Casa Grande de El Burgo. Me gusta mucho porque tiene encanto, típico de casa de montaña, decoración clásica pero con comodidades. Lo que más me gusta es que es accesible, yo diría que 100%. Desde la entrada, los pasillos y accesos a las habitaciones tiene rampa. También tienen ascensor interior.



Tiene wifi, aunque no llega a la habitación donde estamos y ahora estoy en el salón. Pero tengo que decir que se está caliente por los radiadores, y tiene ¡dos salones con chimenea!


El pueblo El Burgo es pequeño, pero con encanto. Para llegar a él desde Ardales hay que coger una carreterita estrecha y sinuosa, bucólica y que al medio día la luz alegra la vista. Los pastos verdes y los almendros en flor -aunque estemos en febrero... es lo que tiene el cambio climático-. 20 kilómetros de paisaje campero muy agradable.

¿Dónde comer en El Burgo?


Desde luego, os recomiendo el Chavito. Es un bar de tapas que ofrece un menú variado, pero típico de montaña. Pan, carne, patatas, huevo... Os dejo algunas fotos.

Sopa de los siete ramales


Campero de serranito


Contactar con uno mismo.


Escaparse a la naturaleza es contactar con uno mismo. Las montañas, con su opulencia, evitan que llegue el wifi en algunos momentos, y es ahí donde no podemos escaparnos de nosotros mismos. ¿Te da miedo la soledad? No es la soledad, es miedo a escucharte. Yo he respirado, he sentido las rocas bajo mis pies, he disfrutado del viento en la cara y de cómo su juego me revolvía el pelo.

Y eso, señores y señoras, es meditación. No hace falta ser un iluminado para meditar, ni tener un lugar especial; es sentir el cuerpo, respirar sin pretensiones, no pelearse con el tren loco del pensamiento y saber que pase lo que pase, en ese preciso instante estás viva.

Las experiencias nutritivas y la resiliencia.


Estoy muy agradecida por tener la posibilidad de hacer este viaje con mi pareja. En unos meses nos casamos y tengo la convicción de que estar a su lado no es casualidad. Es mi muleta, mi apoyo, mi nene.

Las experiencias dolorosas vienen solas. La vida ocurre sin que puedas evitar la mayoría de las cosas. Por tanto, no te prives de las experiencias que sí pueden nutrirte y gustarte y buscarlas tú misma.

He aprendido que el final de un duelo, de una pérdida -personal o de proyecto de vida- culmina en la certeza de que la vida es algo más que rutina. Podemos hacer de nuestra experiencia una misión, darle un sentido a lo que nos ha pasado. Yo no me cansaré de repetir, y a lo mejor alguien lo lee, que hagas lo que hagas, hazlo estando vivo. Dejar la vida pasar no es vivir. Vivir es tener experiencias. Búscalas. Vivir es ofrecer lo mejor de ti al mundo. Dar y recibir.




Feliz semana.



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