22.2.16

La felicidad no es como la pintan

 

 

¿Qué es la felicidad?


Es una emoción, eso está claro. También es un constructo social y mucho marketing. Sólo hace falta encender la tele cinco minutos y ahí está el dichoso anuncio de Kinder Bueno donde salen los padres superrubios y superperfectos con un hijísimo que se supera.

¡Pues no!, eso no es la felicidad para el resto de los mortales.

En la RAE (Real Academia Española) dice:

1. f. Estado de grata satisfacción espiritual y física.

2. f. Persona, situación, objeto o conjunto de ellos que contribuyen a hacer feliz. Mi familia es mi felicidad.

3. f. Ausencia de inconvenientes o tropiezos. Viajar con felicidad.


Lo del anuncio de Kinder Bueno se me antoja una caricatura de la felicidad. Los psicólogos y no psicólogos han escrito mucho sobre felicidad, -¡mira, yo también lo hago!- ¿para qué? Pues mi granito de arena es para darme un poco de sosiego.

La palabra felicidad está tan mal usada que casi me chirría usarla, porque si le dices a alguien "soy feliz" te imagina más o menos así:






No es eso, ¿verdad?


¿Con qué tiene que ver la felicidad?



Para mí tiene más que ver con la tranquilidad y la seguridad. Con no vivir con miedo generalizado. Tiene que ver con la confianza básica en la vida.

También con estar conectados con nosotros mismos, a saber qué emociones nos están ocurriendo en ese preciso instante y en expresarlas.

Tiene que ver con no traicionarnos al seguir haciendo cosas que no nos gustan. Al menos, intentar ponernos en el camino hacia aquello que sí nos gusta.

¿Y cómo consigo la felicidad? 


¡Ay! no hay recetas porque la felicidad no se consigue, sino que se siente.

Y lo que yo te cuente que yo hago, puede que no te sirva a ti. O sí.


  • Conecta contigo mismo. ¡¿Qué es eso de desconectar?! Todo el mundo quiere desconectar. ¡Pues no! Explora cómo eres.
  • Contacta con tus necesidades reales. Pasa de lo que "debes" o "tienes" que hacer. Dí "quiero" en su lugar. Si ves que va contigo, entonces, hazlo.
  • Escúchate. ¿Cuántas veces te dices que estás cansado y cansado pero sigues haciendo cosas como el conejito de Duracell? ¡No me contestes!. 
  • Pregúntate ¿qué estoy haciendo? ¿para qué? y obsérvate. No te juzgues.
  • Para la lavadora que tienes en la cabeza. Esos pensamientos te van a volver loco. ¿Notas el aire que entra y sale de la nariz al respirar? Si lo notas, dejas de pensar. 
  • Tienes un cuerpo, ¿lo has notado? Acaríciate, que te acaricien, baila y saborea un té. 
  • Mira a los ojos del otro. 
  • Ten confianza, aunque cueste trabajo, y aunque alguien te traicione, hay decenas de personas que no lo hacen. 
  • Date permiso para equivocarte. Si alguien se equivoca lo disculpamos, pero si nos equivocamos nosotros, nos machacamos. ¡Pues es injusto!
  • Haz algún plan. No dejes la vida pasar con la misma rutina cada día, cada semana... 
  • Define y acepta tus fortalezas. Seguro que tus debilidades las conoces todas y las repasas todos los días, ¡no vaya a ser que se te olvide alguna!, pero ¿te has parado a pensar cómo has llegado a estar vivo? No exagero. Valóralo seriamente. 
  • Pide un masajito. Si tu cuerpo se ha convertido en una cáscara de nuez, masajitos a demanda. 
  • Si algo no sale como lo habías planeado, después del legítimo cabreo, mira a ver si es que no podía ser o has forzado la situación. Aprovecha para hacer otra cosa.

Espero que te sirva de algo lo que has leído, y que a partir de ahora, cuando veas un anuncio de la tele donde todos están muy happyflower, lo mires con escepticismo y apagues la tele y te des un buen bailoteo con tu canción favorita. ¿Hace cuánto que no has bailado?



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