20.1.16

¿Y si escuchamos a los niños?



Hoy nos llega una noticia, no es nueva. Diego se suicidó el pasado octubre por un caso de bullying no detectado.

Siento que lo que voy a escribir no es políticamente correcto, pero es que últimamente siento que la corrección siempre ha gobernado mi vida y no me ha ido muy bien así.

Ahora se escribirán ríos de tinta apuntando a que hay que corregir los protocolos, que a ver qué ocurría en el centro...

Lo que sí voy a decir es que para que un niño se suicide, llegue a ese punto, hay un largo recorrido; no ocurre de un día para otro que un niño feliz y sereno un día se tire por la ventana. 


Hoy se me partía el corazón escuchando a la madre decir que el día antes del suicidio le dijo "mamita, corre, vámonos de aquí" y ella misma describe que su hijo estaba pálido.

Los padres tenemos la obligación de llevar a los niños al colegio, suponemos que es un lugar seguro.


Un niño que se tira por la ventana porque no puede soportar el dolor del maltrato que sufría en el colegio, porque quizá sus padres no tenían los mecanismos para apartarlo del colegio, o no lo vieron. Esto es lo que creo que decirlo en un blog no es políticamente correcto. 

No me mal interpretéis, no estoy culpando a los padres, pero sospecho que esa familia va a lidiar con la culpa. Igual que yo tuve que lidiar con mi sentimiento de culpa cuando a Ali le pasó el incidente. Me preguntaba ¿por qué no grité más fuerte? ¿Por qué no me levanté? ¿Por qué no obligué a la enfermera a venir? 

Precisamente esto mismo me dijo a mí una enfermera cuando estaba Alicia ingresada "¿por qué no insististe?" Lo hice, de verdad, tres veces, de distinta forma... y no me escucharon. 

La respuesta a todo esto es: yo estaba en un hospital y las instituciones tienen la obligación de poner todos los medios para que los incidentes de este tipo no ocurran. No necesitaba gritar, no necesitaba ir recién parida y con la epidural puesta a dónde estaba la enfermera -en una mesa rellenando papeles-, no necesitaba amenazar a la enfermera para que viniera. Ella debía haber venido a mi primera señal de alarma.

Debemos escuchar a los niños; padres, instituciones públicas, autoridades... el acoso escolar no es cosa de niños. 

Soy mamá, ¿y si no me doy cuenta?


Hay señales psicosomáticas y emocionales que pueden dar pistas: vómitos, diarreas, ardores de estómago, pérdida de apetito, agresividad, falta de ganas de hacer cosas divertidas...
La ansiedad y la depresión no es pasajera. No dejéis a vuestros niños desamparados ante el dolor. Si veis que no podéis sostenerlo, no lo ignoréis, poneros en manos de un terapeuta que os acompañe.

Hay una cultura general de "no echar cuenta el niño", es más, "sólo quiere llamar la atención", y entonces, menos todavía se le atiende. Es una reflexión en voz alta, que seguramente no será el caso de Diego, pero hay una cultura de minimizar las cosas de los niños.


Una forma respetuosa de honrar la memoria de Diego es lo que los padres tienen intención de hacer: luchar para que esto no vuelva a pasar, y que su pérdida no haya sido en vano. Estos padres, con el tiempo y si su proceso se lo permite, pasarán a ser padres resilientes.

P.D. Los detalles del proceso de Diego los desconozco, no sé si sus padres tomaron medidas o no. Mi argumento es una llamada de forma general. Sí sé que cuando estás dentro, las cosas se van oscureciendo y casi no te das cuenta. Lo que desde fuera vemos tan fácil, desde dentro no lo es. Lo que es tan sencillo juzgar, para los que hemos estado dentro las opciones no estaban tan claras.



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