30.8.17

Yo maltrato, tú maltratas



Hoy voy a hablar del maltrato. Sé que voy a levantar algunas susceptibilidades, pero en esto hay que ser claro. Sin tabúes. 

Esta semana he leído varios tuits donde se mencionaba que "un cachete no es maltrato". 

Siento decirlo, pero sí lo es. 

Otra cosa es que si yo le pego un cachete a mi hija, me sienta culpable y para aliviar la disonancia cognitiva quiera normalizarlo. 

Un cachete es maltrato porque es una agresión física. 

Todos en mayor o menor medida hemos sufrido maltrato. Bien de nuestros padres, hermanos, profesores y compañeros de clase.
 
  • Hace 25 años en la escuela el profesor te tiraba de las orejas. 
  • Hace 25 años las madres te daban con la zapatilla. 
  • Hace 25 años los hermanos se pegaban. Hoy también pasa.
  • Hace 25 años los compañeros te esperaban a la salida para pegarte. Hoy también. 

Tenemos tan normalizado el maltrato que ocurre en los hogares, con la violencia doméstica y la violencia de género. 

Ocurre en las escuelas con el bullying. 

Ocurre en los trabajos con el mobing. 

Ocurre en los hospitales con la violencia obstétrica. 

No voy a hacer distinción entre maltrato físico y psicológico. Ambos duelen. Hacen daño  a la persona que lo sufre, y también a quien lo ejerce. 

Lo más doloroso de esto es reconocernos como maltratadores. 

Desde dar un cachete hasta humillar nos alinea con el papel de maltratador/a. 

Es esto lo que tenemos que trabajar, no entrar en el discurso de que "un cachete al año no hace daño" , o que "una burla no es para tanto" . 

Esto es normalizar la violencia física y verbal. Es algo que no quiero para mí. 

No me preocupa cuando alguien admite que le ha dado un cachete a su hijo, lo hace desde la conciencia de que eso no es beneficioso para nadie. 

Me preocupa quien dice que él nunca ha maltratado, porque no está viendo todo su ser completo, está renegando la parte oscura y por tanto vive en la inconsciencia. 

No tendrá oportunidad de crecer. 
El maltrato es inaceptable. Cuando ejercemos el maltrato sobre alguien estamos haciendo algo inaceptable. Lo doloroso es admitir esto. Lo inaceptable es normalizar la violencia por no tener la valentía de admitir que a veces ejercemos violencia. 

Rompamos la espiral de violencia reeducándonos. Es la oportunidad que nos dan nuestros hijos. 

Y es lo mejor que podemos hacer por ellos. 

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27.8.17

Sentimientos encontrados

Es la hora. A las 23 horas del día de hoy llegaste al mundo. Solo 90 minutos de existencia para morir. Morir en brazos de tu madre. 10 minutos o más.

No sé cómo fueron esos minutos para ti, que te fuiste apagando mientras yo te miraba, e intuía que algo te pasaba. Pero me desacreditaban. Joder, me desacreditaban y no tuve la confianza en mí misma para salvarte más.

No solo la vida. Sino la salud.

Una, dos, tres y hasta cuatro veces interpelé a la enfermera sobre lo que te pasaba. "Algo" que no sabía definir.

Pero allí estaba ella, respondiendo desde su mesa a mis palabras, que venían a decir "no molestes, eres una madre loca".

Maltrato. Negligencia.

Y mientras, tu vida se iba en mi regazo. En el regazo que una madre debe llenar de vida para su hijo.

De ese regazo del que te arrancaron cuando por fin alguien me escuchó, alguien que hizo bien su trabajo. Gracias.

Y ahí por un instante se paró la vida. Nuestros corazones dejaron de latir. Lo que era calidez y amor se llenó de frío y rabia.

Creí que te moriste. Unas horas de locura, lo confieso. Quizá hasta tiene un nombre, un diagnóstico, pero es sinrazón y dolor.

Amaneció y me dijeron que estabas viva. Todavía recuerdo entrar en la UCI. Estabas llena de cables, fría por el tratamiento, inmóvil como una muñeca.

Una enfermera me dijo que te cantara. La voz no me salía. Se me quebró la vida.

Nos arrebataron un vínculo precioso que hemos ido construyendo de otra manera. Porque no hubo lactancia. No hubo miradas de complicidad ni sonrisas burlonas. Nos arrebataron el colecho al conectarte a los tubos y cables en cada noche durante meses. No pude escuchar tu voz, ni que me digas mamá. No hubo primera fruta ni papillas.

Hace cuatro años ya. He transitado por el dolor. Me he dado cuenta de que se puede vivir si tengo un propósito. La felicidad ahora es un término diferente.

La felicidad es tranquilidad, está en un atardecer o en una taza de café. En un párrafo de un libro y la felicidad con mayúsculas está en tu mirada, y en tu sonrisa torcida.

Está en tus manitas y en tu pelo despeinado.

Felicidades querida Alicia.

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12.8.17

3 motivos por los que no me gustan las salas de lactancia



Hola amigas, son las dos de la mañana y puedo escribir ahora que mi bebé duerme

En este tiempo debo decir que no puedo publicar entradas complejas ya que estoy usando el móvil. Mi bebé casi siempre está en mis brazos.

Es incómodo para buscar y enlazar bibliografía o estudios, así que hoy os hablo de mí y por qué no me gustan las salas de lactancia.

Hace unas semanas salía de la sesión teta del cine que tenemos cerca y me dispuse a dar el pecho a mi bebé. Vi unos asientos en el pasillo del centro comercial y allí nos sentamos.

Pasó una pareja de agentes de seguridad y ella muy amablemente me informó de la existencia de la sala de lactancia, por si me quería ir allí y estar más cómoda.

Yo le dije que prefería estar allí. Me quedé reflexionando sobre qué me hacía no elegir la sala de lactancia.

Para quien no lo sepa, las salas de lactancia son lugares habilitados para dar el pecho. Suelen tener sillones, cambiadores incluso microondas para calentar la comida de los bebés. Suelen estar junto a los aseos.

EL LUGAR


Suelen estar descuidados y son pequeños. Con luz artificial y mobiliario con desperfectos.

Parece algo deprimente.

Suelen estar junto a los baños y huele mal. En el último que estuve además hacía mucho frío, al ser salas pequeñas los climatizadores no funcionan de forma óptima.

NO QUIERO ESTAR SOLA


Aunque puede entrar cualquiera, suelen ser pequeños y no puede entrar el resto de la familia.

A mi me gusta dar el pecho mientras converso con mi marido o canto a mi hija mayor.

Además si necesito algún tipo de ayuda, estar sola no resuelve nada.

NO ME GUSTA ESCONDERME


La sala de lactancia en principio es para tener intimidad. Imagino que para madres pudorosas es una opción aceptable.

Sin embargo una cosa que ha cambiado mi lactancia es mi relación con mi cuerpo y vencer la vergüenza.

La vergüenza es un emoción negativa que resulta de querer evitar mostrar algo por miedo a unas evaluación negativa.

Ya no me importa que juzguen mis pechos, son míos y alimento a mi hijo con ellos.

La intimidad surge de la conexión que tengo con mi bebé, y puede surgir en cualquier lugar y momento que él necesite.

Afortunadamente hasta hoy nadie ha roto esa intimidad y me han respetado. Pero si alguien la invadiera dejaría muy claro que estoy en mi derecho.

Las ONU ha incluido la lactancia como derecho humano y la OMS declara que se puede amamantar en cualquier lugar.

La lactancia materna en público puede perturbar a muchas personas que tienen unos principios rígidos, sobre todo con los derechos de las mujeres.

Amamantar es quitarle al pecho un contexto sexual al servicio de los hombres.

Amamantar es mostrar el placer maternal en público, un placer femenino no ligado al consumo, pero que forma parte de la sexualidad femenina.

Yo por esto no quiero esconderme. La lactancia es ternura. Es una cualidad de la mujer que debe valorarse y respetarse.

Amamantar no nos hace vulnerables, sino fuente de vida.

Estos son mis motivos por los que no doy el pecho en las salas de lactancia. ¿Y tú qué opinas? ¿Te gustan?

29.7.17

A mi amiga que no quiere ser madre



Cariño, hoy he notado esa presión. El "¿y tú para cuando?" retumba una y otra vez en tu cabeza.

Yo también viví esa etapa y era perturbador.

Yo tenía miedo. No sabía muy bien a qué, pero lo tenía. Mi deseo estuvo claro cuando tuve contacto con bebés de otras amigas. Y llegó Alicia, y la negligencia que se llevó su vida, y la de mi familia.

No quiero ser tu ejemplo. No quiero convencerte de nada. Solo de una cosa. La decisión es tuya.

Veo cómo te defiendes diciendo que tu vida es perfecta, y la frase siguiente es que quieres ser madre, pero que tienes miedo. Que nadie te juzgue por esto. No es fácil.

Si es miedo, déjate sentir cómo sería tu maternidad. No la que viviste como hija, ni la que ves en tus amigas.

Imagina cómo sería tu bebé, a donde te podría acompañar, qué le dirías sobre ti y tu mundo, cómo le enseñarías a volar...

Tienes la oportunidad de transitar otro camino. La maternidad es acompañar a crecer.

Seguro que le has dado mil vueltas. Además quieres complacer a tu madre, tu amiga, tu pareja... Pero no estás segura. Te sabe todo a renuncia.

A cambio de vida radical. A que se te remuevan cosas muy adentro. A tener una criatura que depende de ti. A crianza, lactancia... A dejar de hacer las cosas que te gustan.

Y tienes razón. Se dejan cosas por hacer provisionalmente para hacer otras. Y se hacen cosas que de otro modo no podrías hacer.

Y se asumen riesgos, y cambios... Y yo no soy imparcial. Soy madre de dos.
Pero amiga, yo te respeto. Entiendo tu postura. Solo que me gustaría tener un mando para acallar las voces y que te dejen descansar. Que no abran la caja de tus truenos. Que no tengas que poner excusas, si es que lo son.

Estás en todo tu derecho a elegir no ser madre. Al fin y al cabo decidas lo que decidas, hay renuncia. No es mejor ni peor.

Y estará bien. 

20.7.17

Cuando el bebé nace con discapacidad



Afrontar la maternidad cuando tu bebé tiene discapacidad



Soy madre de una niña con parálisis cerebral grave. Hace tres años tuve un bebé sano, pero sufrió una muerte súbita durante el “piel con piel” con unas desastrosas consecuencias para ella y para mi familia. Fue un gran impacto vivir la pérdida de salud permanente de un hijo.

La elaboración del duelo por la pérdida de la salud


El duelo. La pérdida de salud también produce dolor. Un sentimiento de injusticia, tristeza y rabia se apodera de ti. Es muy necesario buscar un espacio para elaborarlo y expresarlo. Yo lo describo como un tren. Al principio casi siempre se para en esas tres paradas: Tristeza, Rabia e Injusticia. Poco a poco el recorrido el más largo y también para en la Tranquilidad, Alegría, Humor, Esperanza…

A día de hoy, mi tren particular recorre el circuito completo, y a veces sigue parando en las del principio, pero menos tiempo. Las etapas del duelo -shock, negación, depresión, aceptación y aprendizaje- no son ordenadas.

La lucha por la recuperación de la salud de nuestros hijos


La lucha. Cuando tu hijo tiene una discapacidad, al día a día, tienes que sumarle tu duelo particular a la lucha por mejorar su salud. Esto significa que tienes que volcarte en sus cuidados todo el día. Por como el sistema está montado, recae casi siempre en las mujeres, pero no podemos olvidar que la familia completa está en el mismo barco.

Hay que pedir ayuda, delegar y buscar un tiempo para una misma. Es por esto que insistí antes en la importancia de buscar un espacio para el duelo. El día a día puede que no te deje soltar ni una lágrima, pero eso pasa factura.

Cuando crees que ya no hay futuro


La incertidumbre. Se hace muy presente cuando tienes un hijo con discapacidad. En realidad, no es que haya más incertidumbre, sino que cuando tenemos una vida “tranquila”, nuestra percepción es que nada va a cambiar, por tanto, tenemos la creencia de que nuestra vida es segura.

Vivir con la incertidumbre te da una perspectiva de la vida muy diferente, se cambia el orden de las prioridades de la vida y lo que antes era importante, deja de serlo para realmente abrazar lo que sí es: el momento presente, es el único momento donde no hay incertidumbre.

RESILIENCIA.


Es la capacidad de superar la adversidad y salir reforzados de ella.

Significa apostar por la vida, aunque hayamos tenido una experiencia traumática. Nadie sale de la vida indemne, no hablo sólo de la propia muerte. Aprendemos a vivir superando obstáculos.

Para que una persona que ha sufrido un trauma pueda seguir viviendo orientada al bien común necesita tres cosas de su entorno: amor, solidaridad y respeto a su proceso.

Mi propósito después de lo ocurrido es poder contar a otras personas que se puede seguir viviendo con plenitud a pesar de la adversidad, eso sí, dejando entrar el dolor, porque forma parte de la vida. Sabiendo que está ahí pero no lo es todo.

La resiliencia no elimina el dolor, sino que te enseña a vivir con él y transformarlo en una fuerza de vida.

Nuestra sociedad hedonista ve con malos ojos el dolor, pero es parte de la vida, como la alegría.

Para finalizar, sólo quiero hacer una última reflexión. Las mujeres somos dadoras de vida, con cada embarazo y parto corremos un riesgo para traer al mundo un nuevo ser independiente y libre. Para que tú estés en el mundo esto han hecho falta miles de uniones, miles de mujeres con partos a término, años, siglos atrás que te han dado un lugar en el mundo. Por eso la maternidad consciente es sagrada, creo que no debemos olvidarlo para honrar a los que no nacieron o perdieron la salud en el proceso.

Este artículo formó parte del primer número de la revista Teteando que elaboramos desde el Taller de Lactancia Niños de Carmen.


Si eres madre, padre o cuidador de un niño con discapacidad o enfermedad grave, a partir de octubre de 2017 facilitaré un grupo de apoyo emocional que puede serte muy útil. Te dejo más información en esta web. WWW.INSTITUTOMAGNOLIA.ORG


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24.4.17

Parir con miedo

Foto de Juan Carlos González Martínez (El Diamante Azul - Juanka Brown)


Hola amigas (y algún amigo que me lee) hoy os quiero contar cómo es parir con miedo.

El 16 de marzo empecé con las contracciones, en la semana 41+1. Llegaba la situación temida, ya que la experiencia con mi primera hija fue durísima: una muerte súbita después del parto con desatención médica casi la mata. Actualmente, ya sabéis, tiene parálisis cerebral severa.

Algo así no se olvida, se puede vivir con ello después de amueblar la cabeza... cerrar un poco las heridas, pero un parto me confrontaba de nuevo con la situación temida. Volvía a mirar mi cicatriz...

Durante las últimas semanas tengo que contar que las emociones estaban a flor de piel. Miedo, enfado, impaciencia, ilusión, alegría... no miento si digo que llegué a pasar por un estado alterado de conciencia: locura, hablando llanamente. Con explosiones de enfado, llantos o ataques de risa.

Por la tarde del día 16 nos fuimos al hospital universitario Virgen Macarena de Sevilla, cuando llegué estaba algo dilatada así que me quedé ya allí.

Yo había presentado semanas antes el plan de parto a la supervisora de paritorios, pero algo pasó que nadie sabía que yo lo había entregado. Yo llevaba una copia conmigo y se lo entregué al matrón que estaba allí.

Éste no lo tuvo en cuenta, se iba en dos horas, así que lo dejó para el siguiente turno.

Cuando llegó el siguiente equipo, vinieron a verme 4 miembros del personal sanitario a la habitación. Me asustaron diciéndome que no se iba a poder hacer y que todo terninaría en cesárea. La verdad es que las formas fueron muy malas. Creo que podrían haber informado a mi marido y después él, con una persona y no 4, informarme a mí.

Héctor venía grande, y no me lo dijeron hasta ese momento. 

Cuando dijeron la palabra "cesárea" se cortó mi trabajo de parto. El cortisol y la adrenalina hicieron mella en la oxitocina y todo se paró.

Mi marido estuvo firme y dijo que la cesárea sería el último recurso. Él fue muy importante en el proceso.

Empezó la instrumentalización:

  • Oxitocina, para que continúe el parto. 
  • Epidural, para soportar las contracciones de la oxitocina, que a su vez, también paraliza el parto. 
  • Rotura de bolsa, porque al estar acostada la gravedad no hacía su trabajo... 

Al final, me rendí. Sólo encontré alivio en el trabajo de las matronas, que venían a animarme, a explicarme y a cuidarme. En la medida de lo posible respetaron mi deseo. Redujeron al máximo la oxitocina, esperaron el tiempo prudencial para la rotura de bolsa y finalmente me propusieron ir a paritorio antes de que se agotara "el tiempo".

Mi impresión fue que había dos formas de hacer: las matronas, más en la línea de un parto respetado, y los médicos, más en la línea de "que esto termine lo antes posible"

Llegó un momento, que del miedo, empecé a llorar y a decir que "yo no empujaba, sino que retenía a mi niño". Hay que entender que en ese momento, donde las hormonas toman el control del cuerpo, también puede haber una alteración de la conciencia.

Mi rendición. Me dije "al final tendrá que ser lo que ellos quieran". Pero no, fue lo que mi hijo quiso.

A pesar del miedo, de la instrumentalización... cuando me propusieron ir a paritorio, porque las matronas querían probar el trabajo de parto, antes de llegar a cesárea, Héctor bajó solo, no hizo falta más que unos empujones y nació con toda su fuerza y su vida a las 7.25 del 17 de marzo.

Deciros que a pesar de la instrumentalización, me sentí cuidada por las matronas. Excepto por una que entró dos veces y en una de las veces quiso hacerme la ténica Kristeller. Firmemente le dije "no me hagas eso". Y paró.

La técnica Kristeller es violencia obstétrica.



El miedo inhibe la producción de oxitocina natural. Y cuando entran cuatro doctores a decirte que "tu plan de parto no se puede hacer" y que "probablemente terminará en cesárea" no ayuda.

Héctor nació sano. Es mi consuelo. También siento que este parto no me ha dejado una herida tan grande como con el de Alicia, evidentemente. Pero todavía, incluso en los hospitales que dicen que apuestan por un parto respetado, hay quien va a su bola y hace un Kristeller o te asusta sin saber las consecuencias.

Gracias por leer mi experiencia.

#PorUnPartoRespetado #BastaKristeller

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7.3.17

No soy feminista pero...



"No soy feminista pero defiendo la igualdad entre hombres y mujeres".


Esto es como decir, "no soy madridista, pero tengo el carné y canto los goles cuando gana el Madrid, agito la bandera y me emociona cuando gana la liga".

El feminismo es la ideología que defiende la igualdad de OPORTUNIDADES y DERECHOS entre hombres y mujeres respetando las diferencias y por supuesto no pretende someter al hombre.

Cualquier otra cosa que te definan es un intento de desprestigio por parte del sistema patriarcal.

¿Qué te impide a ti decir que eres feminista?


- Pues no entiendo por qué se llama feminismo en vez de "igualismo".


Este es un razonamiento que se inventa el patriarcado, porque así volvemos a invisibilizar varias cosas: que las mujeres nos dimos cuenta de que la ideología machista nos oprimía y se invisibiliza la lucha.

Quieren convencernos de que las mujeres ya tenemos igualdad y la lucha es innecesaria. Niegan la violencia contra las mujeres haciendo generalizaciones del tipo: la violencia es violencia y no hay que matar a nadie. ¿Qué hubieran pensado si eso se le llega a decir por ejemplo a las víctimas del terrorismo?

¿Qué hay de malo que una palabra lleve de raiz lo femenino -fem?. Las mujeres también hemos visto que el machismo perjudica a los hombres, les priva de muchas experiencias vitales extraordinarias. Por eso los hombres también pueden y deben ser feministas, sin miedo alguno.

- Las mujeres también son agresivas.


Claro, pero la mayor parte de la violencia ejercida en el mundo, es por parte de varones. ¡Sólo tienes que mirar las noticas! además de los datos que dan algunas ONGs al respecto. Se les atribuye a los niveles más alto de testosterona, pero también influye la educación en la ideología machista y privación del apego en su crianza.

- Hay mujeres que quieren someter a los hombres y quitarles sus derechos. 


No puedo negar que haya mujeres rencorosas y ruines. Nadie es santo ni santa. Pero desde luego, no encontrarás ninguna civilización humana donde a los varones se les veje, mutile, maltrate o asesine por el mero hecho de tener pene. No hay ninguna comunidad de mujeres donde el discurso sea "los hombres deben ganar menos porque son lo-que-quieras-inventarte".

Los derechos de los varones:


¿Es un derecho no ocuparte de los hijos e irte de cervecitas mientras tu mujer cuida a los niños? No, jomío, eso no es un derecho.

¿Es un derecho no tocar la lavadora ni la plancha ni doblar la ropa? No, no es un derecho.

¿Es un derecho no pisar la cocina nada más que para coger ganchitos y refrescos para ver el partido? Pues tampoco.

¿Es un derecho no saber nada acerca de lo que pasa en el colegio de tus hijos o de las enfermedades, tratamientos y calendario vacunacional de tus hijos? No...

Todo esto no son derechos; es que tú no has conquistado el ámbito privado, que también te concierne. Y claro, si un día unas mujeres te dicen que también tienes que hacerlo, entiendo que te de pereza, pero es lo que hay. Si por esto te sale de la boca que somos unas "feminazis", háztelo mirar.

8 de marzo, día de la mujer.


Hoy es el día de la mujer trabajadora. En realidad, es el día de todas las mujeres, tengan un empleo remunerado o no, porque estar de "ama de casa" también es un trabajo.

De hecho, creo firmemente que el sistema capitalista se sustenta sobre el trabajo gratuito de las mujeres. ¿O cuánto crees que costaría tener un servicio de cocina, cuidados de niños y enfermos, planchado, chófer, apoyo en los deberes, etc? Echa la cuenta. ¿Y quién dice que todo eso tenemos que hacerlo por amor al arte? ¿Dónde viene escrito?

Me quedo con una frase de Mónica Oltra: "deconstruyamos al macho y demos la bienvenida al hombre", porque hacéis falta.

Yo soy feminista y no me avergüenza decirlo.

#Noestápagao es una iniciativa de Madresfera y LaQuiles


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